Salgo a despejarme y lo único que consigo es aumentar el caos. Hay que joderse.
Antes se podían tener 0 preocupaciones y sentirse completo; ahora parece que si no tienes una parte de ti que se cae a pedazos, no eres una persona real.
Sé que me repito infinitísimas veces que estoy cansada y voy a hacer que todo cambie, y sigo aquí cruzada de brazos. Pero siempre encuentro excusas por las que es mejor dejar de arriesgarse y aprender a vivir con tus propias piezas. Aprender la forma de recomponerte parcialmente, lo suficiente para esperar al siguiente impacto pero sin que llegue a ser tanto como para que vuelva el dolor.
Siempre he pensado que el peor dolor es aquel que lo provocan causas que parecen querer esconderse de ti en lo más hondo del subconsciente, logrando que tu nivel de pérdida sea mayor a medida que te introduces más en la búsqueda de la raíz de los pinchazos de tu alma.
Pero, ¡ah! Se me olvidó ese pequeño detalle que lo aclara todo, o al menos lo intenta. Todos sabemos que el alma es algo tan abstracto como los sentimientos que la gobiernan. Y, ¿quién en su sano juicio confiaría en alcanzar algo intocable y depositar en ello todas las esperanzas de aliviar el daño?
Así, de nuevo, recurrimos a la solución más fácil, que no la más corta.
¡Ay, corazón! Nadie te avisó de que ocultarse no es un sinónimo de sanar y de que unas sábanas frías nunca conseguirían arroparte como unos susurros ahora ausentes.
"It is important to remember that your scar is also a reminder that you are healed."
lunes, 9 de junio de 2014
Panic Cord - Gabrielle Aplin
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