lunes, 27 de enero de 2014

Human - Christina Perri.

Después de haber construido durante meses aquel muro que, egocéntrico, pretendía rozar el cielo, llegó una sonrisa que la golpeó más fuerte que con cualquier sentimiento de piedra con los que pretendía protegerse. Los pequeños pedacitos de seguridad que le transmitía aquella preciosa curva se clavaron en ella de tal forma que, de nuevo y tras tanto tiempo sin haber notado aquella debilidad en las piernas, comenzaron a agrietar sus barreras.

Día a día, con infinita paciencia, él curó sus heridas sin darle apenas importancia a la sangre que resbalaba por sus dedos cada vez que la acariciaba. Poco a poco, pero más rápido de lo que había creído posible, ella se convirtió no en una persona nueva sino en la versión de ella de la que tanto tiempo había estado huyendo. Su parte más humana, esa que parecía estar formada tan sólo por una masa de sentimientos atrapados en un cuerpo al que dirigen a su antojo. Para cuando él le dijo ven, ella ya lo había dejado todo atrás y si quedaba algún resquicio de hielo en su interior, este se derritió al roce de sus labios, que comenzaban a atraer la dirección de su mirada casi constantemente.

Todas sus terminaciones nerviosas reaccionaron cuando él, con la delicadeza de quien sabe que un mal movimiento puede romper el cristal, deslizó sus manos por su cuello creando una atmósfera entre los dos que provocó en ella un sentimiento muy parecido a la felicidad, si no la recordaba mal. Que alguien le explicase, si no, con qué otra sensación podía relacionar las sonrisas tontas que se escapaban de su boca antes de ni siquiera darse cuenta de que estaba sonriendo.
Aquella no fue la única vez que se sintió así estando con él. Se preguntaba continuamente si era posible aquello de sentirse tan desprotegida y fuerte a la vez, tener tanto miedo y dudar tan poco de que lo único que necesitaba era otro de sus abrazos. Descubrió que existía aquello de llorar de alegría y lo de sonreír y suspirar cuando alguien te falta. Le sonaban bonitas palabras a las que había intentado aborrecer de cualquier manera. En vez de forzarla, ahora debía retener la risa cuando él se metía con ella con las mayores estupideces.

Comprendió demasiado tarde que había vuelto a exponerse demasiado, que empezaba a quererle de aquella manera tan aterradora que no había manera de frenar. Le miró sabiendo que en ese momento su único muro era él, no había nada más que la fuese a levantar si caía.
Y cayó siendo consciente de que cuando él se alejó no le quedaba ningún punto de apoyo.

Ella y yo nos negamos mutuamente por no hacernos daño.
Lucho por encerrarla de nuevo dentro de mí pero, creedme, es una pelea que consume todas mis fuerzas porque tan sólo soy humana y el dolor es la realidad que más me pesa.


jueves, 23 de enero de 2014

Lullaby - Nickelback.

He estado pensando en el porqué de escribir.
Siempre había estado convencida de que simplemente era una forma de desahogarme, de exponer mis sentimientos en cada una de las letras, de imaginarme que te saco de mi cabeza por un momento.
Pero, realmente, ¿de qué soga estoy intentando liberarme? ¿Cuáles son los sentimientos, de todo este caos interno, que intento reflejar en mis palabras? Y, ¿quién eres tú? ¿Por qué te escribo? ¿Qué haces en mi cabeza, revolviéndolo todo a tu antojo como si ella sola no causase ya bastantes problemas?

Creo que he tenido suficiente.
Ya caminaste por cada uno de los huecos de mi alma, sin tener en cuenta lo que pisabas ni mirar aquello que destrozabas a tu paso.
Pero, qué bonito se me hacía aquel desorden y qué contento se ponía mi corazón cada vez que te veía pasear a mi lado.
Le maldecía cuando decidía dar saltos hasta que su rosado color se reflejaba en mis mejillas. Su manía con hacerse notar me hacía difícil evitar que mis ojos fuesen un libro abierto en el que tú podías devorar cada una de las dudas que me hacían tartamudear.
¿Cuántas veces lo hiciste? Me refiero a leer mi mente sin encontrar barreras y actuar como si no me conocieras. ¿No te bastaba que mis cinco sentidos se estremeciesen con tu tacto? ¿No eran suficiente reales mis sonrisas? Porque te aseguro que tan sinceras como las que surgían junto a tus labios, hay pocas en este mundo.

Pero ahora me he dado cuenta de que el mundo va más allá de tus clavículas (a fuerza de tropezarme con ellas).
Te preguntarás porqué, si estoy tan convencida de que hay más colores aparte del marrón de tus ojos, sigo pidiéndote cada día que salgas de aquí, que me dejes olvidarte.
Si quieres la verdad, te lo ruego sin pronunciar palabra para que no puedas oírlo. Porque si lamenté el empezar a perderte sin decir nada, imagina los remordimientos si te vas definitivamente por mi culpa.

Ahora que has vuelto a conseguir, sin proponértelo, que me acuerde de ti en cada frase, hazme un favor: quiéreme como lo hacías antes de probar mis besos, espérame bajo la lluvia imaginándote que volvemos a aquellas tardes soleadas de agosto, abrázame con aquel miedo del principio (sí, ese que tú superaste y en el que yo me estoy hundiendo), háblame de nada, cuéntamelo todo, confía en mí para escabullirte de tus problemas, deja descansar tu cabeza en mi hombro y que nuestras respiraciones cojan un mismo compás, roza tus dedos con los míos con la misma delicadeza con la que susurras incoherencias que hacen girar mi mundo, escucha el ritmo de mis latidos que parecen ir al son de nuestras canciones.

He evitado los tiempos pasados para que lo sientas en presente.
Haz un último esfuerzo por no dejarme acostumbrarme a cómo dueles.
Termina la canción y sigo sin averiguar las razones por las que escribo.
Échame de menos, por favor.
Y otros sin-sentidos.



A drop in the ocean - Ron Pope.

Sin apenas pensarlo, estaba preguntándole a un vaso vacío si mis lágrimas tendrían alguna utilidad llenándolo.
Pero me di cuenta que no podría beberlas, ¿acaso a alguien le gusta atragantarse con el agua del mar?
Comprobé con los ojos nublados como cada una de las gotas se dirigía a una velocidad de vértigo hacia el suelo, pero siempre aterrizaban en sitios diferentes y supe que la mayoría caerían fuera del vaso y quedarían desperdiciadas.
Me fijé entonces en una de ellas que había decidido romperse junto a uno de los numerosos lápices que había desperdigados sobre la mesa. Pensé en su tamaño y comprobé que, irónicamente, una sola de ellas era capaz de ahogarme y que cientos podían hacer que me sintiese alguien mínimo, insignificante, inexistente.
¿Cuántas harían falta para cubrir aquel recipiente de cristal? (O al menos para que a mi me pareciese que estaba medio lleno)

Llena. Así estaba yo, ¿no? Quizás así era como me sentía o como quería sentirme. O tal vez, no preguntes, sea la única palabra del diccionario que encuentro adecuada para describir de forma rápida algo que aprendimos demasiado lento.
Lentamente y sin levantar sospecha. Aquella fue la manera en la que comenzaste a formar parte de mí, pero también con la que te alejaste.
Sin decir nada, evitando las despedidas.
Y yo fui incapaz de alcanzarte, porque incluso teniéndote entre mis brazos vagabas a kilómetros de mi.
Que tonta, ¿verdad? Pude haberme dado cuenta antes.
¿Cómo no me fijé en tus ojos tristes y en tus gestos vagos, desganados? Supongo (y acierto) que nada proveniente de ti se me hacía extraño, así de acostumbrada estaba, ya ves.
Supongo que se me hizo demasiado fácil perderme en tus pestañas, que tus pupilas eran el único punto negro que me sacaba de quicio (sin hablar de tus lunares, esos que sigo teniendo antojo de contar).
Supongo que era tan tuya que te creía igual de mío.

Compréndeme.
Incluso el depender de ti me daba vida.

martes, 21 de enero de 2014

Wherever you will go - The Calling.

¿Sabes?
Queda mucho que decir.
Tan poco tiempo.
Y tanto miedo.
(Demasiado, tal vez).
Siempre supimos que habría un final, que más temprano que tarde tendríamos que dejar al otro ir.
Y aún así arriesgamos. Como quien piensa que por aferrarse al hielo no se quemará.
Pero, ¿qué hay del frío? Y no te hablo del de noviembre o enero, de ese ya hemos oído suficiente. Me refiero a estar congelados por dentro y en el pasado, a no querer avanzar por no olvidarnos.
Te hablo del frío que me acompaña cada vez que pienso que todo terminó cuando realmente había empezado.
Te hablo de un frío que nunca llegarás a conocer, y mucho menos comprender. Porque es tan sólo mío, mío y de este corazón que se ha cubierto de escarcha por exponerse demasiado.
Te hablo del frío entre nosotros, algo antes impensable. De esa distancia insalvable hasta tus labios, de la manía con contar tu ausencia en segundos (así normal que se me haga interminable), de hablar en tercera persona de lo que éramos, de pensar en lo bueno y sentir lo malo, de gritarle a una almohada que parece estar sorda (aunque le agradezco que sea muda y no pueda contestarme todo lo que no quiero escuchar).
Te hablo de escribirte entre paréntesis y garabatearte en los puntos suspensivos.
Te hablo a pesar de que no prestes atención a lo que digo.
Te hablo sin abrir la boca porque a mis cuerdas vocales les ha dado por temblar (como ya te he dicho, dentro de mi es invierno).
Te hablo por no quedarme sola con mis pensamientos, te escribo por instinto, te odio por vicio.
Y te quiero porque si antes dolía, ahora rompe.
Si antes lo sabía, ahora lo confirmo.
Que querría gritarlo, pero yo estoy sin aliento y tú,

tú demasiado lejos.

You found me - The Fray.

Me encontraste.
Hiciste que siguiese un camino sin piedras, sin tramos difíciles de distinguir.
Conseguiste que todo pareciese fácil, incluso eso de tener que despedirnos cada tarde.
Dijiste mil frases de las que se graban a fuego lento y muy dentro.
Te ganaste aquella confianza expresada con sonrisas tímidas.
Mis labios se aprendieron de memoria cada corte de los tuyos.
Cada hueco entre mis dedos se amoldó esperando recibir tu mano.
Tu respiración parecía acariciar mi cuello con tanta delicadeza que hasta dolía.

Como duele ahora tropezarse con cada obstáculo que se interpone en mi camino,
Complicar las cosas más sencillas y no pisar desde hace tiempo la estación,
Recordar cada una de las cicatrices que provocaron tus palabras y pensar que en algún momento me encantó tenerlas,
Contemplar un muro de indiferencia que no es capaz de curar mis debilidades,
Sentir pinchazos en el estómago con mordiscos que nunca llegan,
Escribir números y letras en mis muñecas como si fuesen a llevarse tu ausencia,
Suspirar porque me faltas y susurrarle en silencio a la nada.

Que no sé si me cuesta asumirlo o explicarlo, pero la realidad es que me perdí o me perdiste o quizás tan sólo dejamos de buscarnos.
Pero si fuera esto último la causa, explícame porqué sigo tratando de entender unas razones que no encuentro en ninguna canción.
Explícame, tú que tantas veces me tranquilizabas, dónde estás ahora que te necesito para levantarme de una caída más dura que las anteriores.

Porque el único motivo que le encuentro al no tenerte es que recorrí muy pocas veces tu espalda y ella ya no recuerda mis huellas de la manera en que mi almohada lo hace con tu colonia.

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