domingo, 11 de febrero de 2018

Carbonita.

¿Por qué el temporal parece siempre arrastrar la tinta hasta mis venas?
¿Por qué mis palabras cobran más sentido cuanto más difuminadas las percibo?
¿Por qué el sonido de algo que se rompe marca el ritmo de un bolígrafo que hace tiempo que este alma no blandía?

Miedo, ya que nunca te vas, impúlsame al menos. 
Aléjame de la parálisis. 
Hazme correr, gritar, llorar... Déjame exhausta. 
Para que mi corazón deje de distinguirte por un momento. 

Quémame, si quieres. 
Todo, menos esto. 

Todo menos esta angustia que me encoge el pecho. 
Todo menos esa apatía.
Todo menos retomar aquellas manías. 

Todo, menos darlo por hecho. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Bittersweet.

Añoraba el caminar arropada por el frío de la noche. 

Casi olvido la agridulce sensación que provoca estar en calma mientras tu nariz y dedos se resienten ante el gélido exterior. 
Casi caigo en el error de no apreciar como mis propios pasos parecen distantes, como su sonido queda relegado a un segundo plano porque la música que suena a través de los cascos se adueña del papel protagonista. 

Esta noche, tras largo tiempo, he conseguido abandonar la lucha inane que mantenía contra esa canción. 
Y, por un momento, no he sentido miedo.
He abrazado la tenebrosa soledad de los paseos nocturnos con la fuerza de quien se vuelve a encontrar con un viejo amor. Me he dejado inundar por la extraña paz impregnada en el silencio que reposa por las calles a la luz de las farolas. Se han empañado mis retinas con el vaho que se deslizaba entre mis labios y se han empapado mis huesos con los escalofríos de mi alma.

Esta noche, tras largo tiempo, he vuelto a apreciar el rutinario calor del pijama. 
Y, por un momento, he recordado la importancia y belleza de lo sencillo.
Como esa tiritera inevitable que nos domina hasta que la cama entra en calor, como la quietud que se posa sobre la habitación al tiempo que nuestra respiración se ralentiza. 
Y he amado ese instante con fiereza, pues he escuchado a mi corazón sentir.

lunes, 16 de octubre de 2017

Caja.

No hay estrellas en el techo de mi habitación, 
ni luna que las escolte.
No corre el aire para convertirse en viento, 
ni suenan las hojas alegres a su paso.
No veo nubes de las que suponer las formas, 
ni sol que juegue al escondite entre sus cristales. 
No vuelan los pájaros surcando las corrientes,
ni danzan los colores al atardecer.

No hay un mar interminable desahogándose ante mis ojos,
ni arena que se cuele entre los dedos de mis pies.
No corre un río con el torrente de mis impulsos,
ni se acercan las orillas a un final.
No veo el claro en ningún lugar de esta selva,
ni esa luz que se escabulle de las ramas más espesas.
No vuelan mis manos alborotando tu pelo,
ni danzan los colores al amanecer.








lunes, 4 de septiembre de 2017

Disculpas injustificadas.

Perdóname, corazón;
sé que he vuelto a recordar la caricia de su risa en mi mejilla.
Sé que he vuelto a pensar en su sonrisa,
y en sus dedos recorriendo mis costillas.
Perdóname, corazón;
no encuentro la forma de pedirte que frenes antes de llegar al acantilado.
Ni la manera de excusarme por esos golpes que te he dado.
Perdóname, corazón;
tengo ganas de salir corriendo hasta que me fallen las fuerzas.
Pero también de que me bese y haga temblar mis piernas.
Perdóname, corazón;
porque últimamente voy danzando entre la ira y el miedo.
Porque últimamente este vértigo que siento me impide alzar el vuelo.
Perdóname, corazón; pues sé que estás cansado.

Perdóname tú también, amor; yo todavía no te he olvidado. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Hacer trampas.

He estado buscando puntos débiles entre los cimientos de este muro recién construido, desconocido.
He estado cavando más allá de mis raíces, observando cada espacio bajo tierra, validando la posibilidad de esconderme allí durante la tormenta.
Ha llovido, fuera y dentro de mi castillo. Gotas escapistas han encontrado refugio en las vetas de estas piedras. Creo que pretenden traer el invierno con ellas, que están cansadas del calor y de las noches sin viento. 
He escalado a la torre más alta, y ni siquiera desde allí era capaz de divisar el mar. Ni siquiera desde allí conseguía distinguir los arañazos dibujados en las nubes por los rascacielos.


Nubes.

Nubes grises se entretejen formando este manto decaído que oso llamar cielo.
Maldito cielo...
Maldito cielo que ya no me deja contemplar con anhelo el azul de tus ojos.
Azul que se esconde, me rehuye y se desvanece (para suspiro mío).


He vuelto al ayer, y todo sigue intacto.

Aún así el presente es extraño, y me engaño repitiendo que, mañana, a la calma le costará un poco menos subir el siguiente peldaño.

jueves, 24 de agosto de 2017

Consecuencias.

Sabes bien que no soy de arrepentirme.
Siempre que hablamos de retractarnos, la palabra 'nunca' se contonea por la punta de mi lengua. 

Conoces la forma en la que defiendo mis acciones.
La seguridad que tiñe mis iris cuando digo que, si en algún momento hice algo, fue porque en ese mismo momento lo quise. 

Y, sin embargo, llega la tormenta y estoy deseando saltar al vacío. 
Aún sabiendo que podría aguantar aquí. 
Aún siendo consciente de que cuando me trague el huracán me preguntaré «¿por qué?» y sentiré la impotencia de la falta de respuestas. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Suplente.

Octubre ha llegado cargado de otoño.

Vestido con la chispeante vibración de sus colores; 
adornado con los agridulces suspiros de los árboles al verse desnudados.

Ha traído consigo la breve caricia del viento, 
el olor a tierra mojada, 
la alfombra de hojas que te escoltan por las vías.

Ha recordado las idas buscando algo a paso lento,
la luz de una luna menguada,
el desencanto de las venidas con las manos vacías.

Anunciada su presencia por una sinfonía de olores;
besadas mis sábanas por el sol sin poder perturbar los días nublados.

Octubre echa raíces, yo me bajo del podio. 

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