jueves, 31 de agosto de 2017

Hacer trampas.

He estado buscando puntos débiles entre los cimientos de este muro recién construido, desconocido.
He estado cavando más allá de mis raíces, observando cada espacio bajo tierra, validando la posibilidad de esconderme allí durante la tormenta.
Ha llovido, fuera y dentro de mi castillo. Gotas escapistas han encontrado refugio en las vetas de estas piedras. Creo que pretenden traer el invierno con ellas, que están cansadas del calor y de las noches sin viento. 
He escalado a la torre más alta, y ni siquiera desde allí era capaz de divisar el mar. Ni siquiera desde allí conseguía distinguir los arañazos dibujados en las nubes por los rascacielos.


Nubes.

Nubes grises se entretejen formando este manto decaído que oso llamar cielo.
Maldito cielo...
Maldito cielo que ya no me deja contemplar con anhelo el azul de tus ojos.
Azul que se esconde, me rehuye y se desvanece (para suspiro mío).


He vuelto al ayer, y todo sigue intacto.

Aún así el presente es extraño, y me engaño repitiendo que, mañana, a la calma le costará un poco menos subir el siguiente peldaño.

jueves, 24 de agosto de 2017

Consecuencias.

Sabes bien que no soy de arrepentirme.
Siempre que hablamos de retractarnos, la palabra 'nunca' se contonea por la punta de mi lengua. 

Conoces la forma en la que defiendo mis acciones.
La seguridad que tiñe mis iris cuando digo que, si en algún momento hice algo, fue porque en ese mismo momento lo quise. 

Y, sin embargo, llega la tormenta y estoy deseando saltar al vacío. 
Aún sabiendo que podría aguantar aquí. 
Aún siendo consciente de que cuando me trague el huracán me preguntaré «¿por qué?» y sentiré la impotencia de la falta de respuestas. 

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