jueves, 31 de agosto de 2017

Hacer trampas.

He estado buscando puntos débiles entre los cimientos de este muro recién construido, desconocido.
He estado cavando más allá de mis raíces, observando cada espacio bajo tierra, validando la posibilidad de esconderme allí durante la tormenta.
Ha llovido, fuera y dentro de mi castillo. Gotas escapistas han encontrado refugio en las vetas de estas piedras. Creo que pretenden traer el invierno con ellas, que están cansadas del calor y de las noches sin viento. 
He escalado a la torre más alta, y ni siquiera desde allí era capaz de divisar el mar. Ni siquiera desde allí conseguía distinguir los arañazos dibujados en las nubes por los rascacielos.


Nubes.

Nubes grises se entretejen formando este manto decaído que oso llamar cielo.
Maldito cielo...
Maldito cielo que ya no me deja contemplar con anhelo el azul de tus ojos.
Azul que se esconde, me rehuye y se desvanece (para suspiro mío).


He vuelto al ayer, y todo sigue intacto.

Aún así el presente es extraño, y me engaño repitiendo que, mañana, a la calma le costará un poco menos subir el siguiente peldaño.

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