La hierba ligeramente
refrescante por las gotas de rocío me acoge con suavidad cuando me siento
cruzando las piernas. Clavo fijamente mi mirada en las hondas casi
imperceptibles que mueven sigilosamente el agua del estanque. El pensamiento
del que he estado huyendo hasta ahora acude a mi mente con insistencia. ¿Por qué ha cambiado todo tan rápido? No tengo tiempo para asimilarlo, no quiero aceptar que ya no sea como antes. Malditas lágrimas que me queman la garganta, me niego rotundamente a volver a llorar. No por ti, no ahora.
Arranco briznas verdes a un ritmo mecanizado casi sin darme cuenta. ¿Qué puedo hacer cuando lo doy todo por perdido? Días comiéndome la cabeza para llegar a una única conclusión: Nada. Como odio esa palabra, está tan... vacía. Y no me ayuda a solucionar, ni a olvidar, ni a perdonar, ni a... nada.
Mi cabeza ahora es similar a un huracán que ha ido arrastrando todo a su paso. Pensamientos de un lado para otro que no saben que hacer conmigo. "Dejadme en paz" suplico cubriéndome la cara con las manos que se humedecen cuando rozan las pequeñas gotas saladas que caen desde mis ojos sin que pueda hacer nada por controlarlas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario