martes, 11 de febrero de 2014

Wake me up - Aloe Blacc.

Las tonalidades de las hojas en otoño;
las calles nevadas en invierno y el reflejo de las luces de Navidad en los charcos que forma la lluvia;
las flores abiertas y recubiertas de rocío en primavera;
la efímera brisa de aire fresco tan bienvenida en el calor sofocante del verano;
los reencuentros en el aeropuerto;
los proyectos de tantos viajes que te quedan por hacer;
los nervios que aprietan tu estómago en el despegue del avión;
las tensión del aterrizaje;
el dolor de pies tras patearte todo Roma;
la grandeza de las pirámides en Egipto;
la magia que puede palparse en el aire al cruzar las puertas de DisneyLand;
los colores vivos de los carnavales de Venecia;
las vistas desde el London Eye;
los infinitos prados verdes de Irlanda;
las puestas de sol tendido sobre la arena de una playa de Ibiza;
los amaneceres desde una ventana en un hotel de Florencia;
las estrellas que inundan el cielo nocturno y se ven desde aquel prado en la montaña de tu pueblo;
los rayos de sol desbordándose sobre una cama deshecha cubierta con sábanas blancas;
los 'cinco minutos más' que se convierten en quince;
el estirar los brazos y frotarse los ojos nada más despertar;
las mañanas de pijama, cama y poco más;
los días aprovechados al máximo, esos en los que llegas exhausto y te derrumbas en el sofá;
el primer salto al agua congelada de la piscina tras un año de espera;
las carreras en bicicleta;
los paseos en compañía;
el canto de los pájaros escondidos en los árboles del bosque;
el tacto suave de las mantas;
el olor de la tierra mojada tras una tormenta;
el sonido de las olas rompiendo contra las rocas;
el sabor de tu comida favorita;
las tazas de café en la madrugada cuando te ves acorralado por apuntes de asignaturas de las que no recuerdas ni el nombre;
el té de las 17:00 para sentirte un poco más inglés;
los desayunos en la cama o los churros en la cafetería tras la noche de Fin de Año;
las comidas alrededor de mesas interminables;
las fresas con nata y chocolate para merendar;
las cenas en un nuevo restaurante, por probar;
la elegancia de un gato al saltar para trepar un muro;
el paseo en lancha con los delfines del zoo;
el vuelo del águila real;
el parpadeo de las alas de una mariposa;
el roce de pestañas;
los ojos que, da igual el color, hablan sin necesidad de palabras;
la mirada curiosa de los más pequeños;
los robos de nariz;
los labios agrietados que sanan con otros labios;
las voces que te transmiten sentimientos contradictorios;
la risa de un niño;
el hueco en el que se unen el cuello y las clavículas;
los dedos entrelazados;
las caricias de manos inesperadas;
los besos tímidos, decididos, suaves, apasionados, fugaces, lentos, curativos, deseados, por sorpresa, cubiertos de chocolate, acompañados por lágrimas, llenos de sentimiento, desnudos, en la frente, en la mejilla, en el cuello, en tus labios;
los abrazos asfixiantes, relajantes, consoladores, necesitados, los que se hacen esperar durante tanto tiempo, los que te elevan del suelo mientras das vueltas, los que te esperan al final de una carrera por el andén;
los pelos de punta provocados por mordiscos;
las cosas dichas en susurros para que nadie se entere;
el silencio roto con un suspiro;
amanecer abrazado a esa persona;
las primeras veces;
las últimas;
la fotografía;
la música;
el cine;
la felicidad;
la euforia;
la realización;
la tranquilidad;
la adrenalina;
conocerte;
aceptarte;
descubrir;
bailar;
actuar;
cantar;
querer;
vivir;
soñar;

ser.

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