Las tonalidades de
las hojas en otoño;
las calles nevadas en invierno y el
reflejo de las luces de Navidad en los charcos que forma la lluvia;
las flores abiertas y recubiertas de
rocío en primavera;
la efímera brisa de aire fresco tan
bienvenida en el calor sofocante del verano;
los reencuentros en el aeropuerto;
los proyectos de tantos viajes que te
quedan por hacer;
los nervios que aprietan tu estómago
en el despegue del avión;
las tensión del aterrizaje;
el dolor de pies tras patearte todo
Roma;
la grandeza de las pirámides en
Egipto;
la magia que puede palparse en el aire
al cruzar las puertas de DisneyLand;
los colores vivos de los carnavales de
Venecia;
las vistas desde el London Eye;
los infinitos prados verdes de Irlanda;
las puestas de sol tendido sobre la
arena de una playa de Ibiza;
los amaneceres desde una ventana en un
hotel de Florencia;
las estrellas que inundan el cielo
nocturno y se ven desde aquel prado en la montaña de tu pueblo;
los rayos de sol desbordándose sobre
una cama deshecha cubierta con sábanas blancas;
los 'cinco minutos más' que se
convierten en quince;
el estirar los brazos y frotarse los
ojos nada más despertar;
las mañanas de pijama, cama y poco
más;
los días aprovechados al máximo, esos
en los que llegas exhausto y te derrumbas en el sofá;
el primer salto al agua congelada de la
piscina tras un año de espera;
las carreras en bicicleta;
los paseos en compañía;
el canto de los pájaros escondidos en
los árboles del bosque;
el tacto suave de las mantas;
el olor de la tierra mojada tras una
tormenta;
el sonido de las olas rompiendo contra
las rocas;
el sabor de tu comida favorita;
las tazas de café en la madrugada
cuando te ves acorralado por apuntes de asignaturas de las que no
recuerdas ni el nombre;
el té de las 17:00 para sentirte un
poco más inglés;
los desayunos en la cama o los churros
en la cafetería tras la noche de Fin de Año;
las comidas alrededor de mesas
interminables;
las fresas con nata y chocolate para
merendar;
las cenas en un nuevo restaurante, por
probar;
la elegancia de un gato al saltar para
trepar un muro;
el paseo en lancha con los delfines del
zoo;
el vuelo del águila real;
el parpadeo de las alas de una
mariposa;
el roce de pestañas;
los ojos que, da igual el color, hablan
sin necesidad de palabras;
la mirada curiosa de los más pequeños;
los robos de nariz;
los labios agrietados que sanan con
otros labios;
las voces que te transmiten
sentimientos contradictorios;
la risa de un niño;
el hueco en el que se unen el cuello y
las clavículas;
los dedos entrelazados;
las caricias de manos inesperadas;
los besos tímidos, decididos, suaves,
apasionados, fugaces, lentos, curativos, deseados, por sorpresa,
cubiertos de chocolate, acompañados por lágrimas, llenos de
sentimiento, desnudos, en la frente, en la mejilla, en el cuello, en
tus labios;
los abrazos asfixiantes, relajantes,
consoladores, necesitados, los que se hacen esperar durante tanto
tiempo, los que te elevan del suelo mientras das vueltas, los que te
esperan al final de una carrera por el andén;
los pelos de punta provocados por
mordiscos;
las cosas dichas en susurros para que
nadie se entere;
el silencio roto con un suspiro;
amanecer abrazado a esa persona;
las primeras veces;
las últimas;
la fotografía;
la música;
el cine;
la felicidad;
la euforia;
la realización;
la tranquilidad;
la adrenalina;
conocerte;
aceptarte;
descubrir;
bailar;
actuar;
cantar;
querer;
vivir;
soñar;
ser.
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