domingo, 25 de septiembre de 2016

Grises y azules.

Hoy siento la ausencia como el impacto de una ola. Una ola de esas que te engullen mientras el fondo marino trata de atraerte hacia él con su magnetismo. 
Me oigo boquear con desesperación durante esos interminables segundos en los que olvido que poseo unos brazos con los que impulsarme a la superficie. Noto como mis piernas sacuden el agua con furia.

Salgo exitosa de una nueva batalla y, a pesar de todo, me siento derrotada. 
Mi cuerpo huye buscando la calidez de la arena y la caricia del sol; pero sólo hay frío, y el pánico latente de ese «qué hubiera pasado si...» que nunca admito formular. Mis dedos se cierran con fuerza en torno a un puñado de granos: de nuevo trato de aferrarme a algo que se escapa de mis manos más rápidamente de lo que yo me recompongo. 

Los acantilados a mi espalda pellizcan mi alma como recordatorio de todas aquellas veces que no salté.

Tantos huecos, tantos parches.
Noto las heridas abriéndose de nuevo, recordándome que nunca las cuidé, que siempre estuve demasiado asustada de secar la sangre que las teñía. Y ahora mi piel se escama, la sal se seca sobre mi cara. 
Ahora mi exterior se equipara en tirantez a los hilos que sujetan mis pedacitos internos. 


Ni siquiera el arrullo del mar apacigua esta guerra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

About