Como ver escurrirse entre mis dedos el picaporte, tan pesado como los clavos que me anclan a este suelo ya inestable.
Como la brisa de aire que te alienta a dar un paso más, pero que no es suficiente para seguir respirando.
Como rozar el éxito con la punta de los dedos y jamás pensar en atraparlo.
Otra mañana de ojeras que se estiran bajo el peso del mundo que llevo cargado a la espalda.
Otra mirada al espejo tratando de resolver preguntas que todavía no están formuladas.
Otra tarde de indecisiones, de puedo y no quiero, no debo, no valgo, no sueño.
Cobarde, me temo.
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