¿Sabes?
Queda mucho que decir.
Tan poco tiempo.
Y tanto miedo.
(Demasiado, tal vez).
Siempre supimos que habría un final,
que más temprano que tarde tendríamos que dejar al otro ir.
Y aún así arriesgamos. Como quien
piensa que por aferrarse al hielo no se quemará.
Pero, ¿qué hay del frío? Y no te
hablo del de noviembre o enero, de ese ya hemos oído suficiente. Me
refiero a estar congelados por dentro y en el pasado, a no querer
avanzar por no olvidarnos.
Te hablo del frío que me acompaña
cada vez que pienso que todo terminó cuando realmente había
empezado.
Te hablo de un frío que nunca llegarás
a conocer, y mucho menos comprender. Porque es tan sólo mío, mío y
de este corazón que se ha cubierto de escarcha por exponerse
demasiado.
Te hablo del frío entre nosotros, algo
antes impensable. De esa distancia insalvable hasta tus labios, de la
manía con contar tu ausencia en segundos (así normal que se me haga
interminable), de hablar en tercera persona de lo que éramos, de
pensar en lo bueno y sentir lo malo, de gritarle a una almohada que
parece estar sorda (aunque le agradezco que sea muda y no pueda
contestarme todo lo que no quiero escuchar).
Te hablo de escribirte entre paréntesis
y garabatearte en los puntos suspensivos.
Te hablo a pesar de que no prestes
atención a lo que digo.
Te hablo sin abrir la boca porque a mis
cuerdas vocales les ha dado por temblar (como ya te he dicho, dentro
de mi es invierno).
Te hablo por no quedarme sola con mis
pensamientos, te escribo por instinto, te odio por vicio.
Y te quiero porque si antes dolía,
ahora rompe.
Si antes lo sabía, ahora lo confirmo.
Que querría gritarlo, pero yo estoy
sin aliento y tú,
tú demasiado
lejos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario