Hacía ya un tiempo desde la última vez que me atraganté con el vacío.
Casi se me había olvidado el tacto de la ausencia, y como se estremece al ser rozada por el viento.
Apenas recordaba el olor de las lágrimas al mezclarse con el sabor amargo de unas retinas cubiertas de bruma.
Creo que estuve al borde de pisar la grieta tantas veces que acabé ignorando su existencia, borrando su nombre, acallando los gritos.
Vuelvo a estar rodeada de palabras que desean comprenderme, relajarme, desahogarme. Y tan solo conforman este nudo indestructible en mi garganta.
Me pellizcan con su impaciencia por entrar y salir: indescifrables, deformadas, irascibles y airadas; con más ganas de envenenarme que de morir por mi.
Arrastrando delirios de grandeza que no llegan a buen puerto y naufragan en el mar de pretextos que inventé. Yacen entre los fantasmas de lugares olvidados, fracasos congelados y aviones de papel.
"It is important to remember that your scar is also a reminder that you are healed."
sábado, 3 de septiembre de 2016
miércoles, 22 de junio de 2016
01:16
Como sentir la misma piedra caer una y otra vez sobre mis hombros, más pesada con cada aliento que pierdo.
Como oir la lluvia repiquetear en el tejado, sin descanso, mientras las ramas furiosas de los árboles golpean las ventanas tratando de arañarme.
Como desgarrarte el pecho entre gritos silenciosos, para después sangrar letras que no casan.
Como tratar de unir una y otra vez piezas con un mismo patrón, pero creadas para diferentes puzzles.
Sucesión de intentos fallidos de agarrar el polvo para no convertirme en él.
Fallida sucesión de intentos de hacerme oír, pues me rendí tras el primer asalto.
miércoles, 13 de abril de 2016
Gritos a tu espalda.
Mentiría si dijese que he tratado de olvidarme del ritmo de tus dedos recorriendo mi espalda.
Mentiría,
pues más bien se ha convertido en la cadencia que siguen mis latidos hasta que se desbocan al roce de un recuerdo.
Ojalá permaneciese siempre tan nítida esa imagen de tus ojos
posándose en mi con esa mirada que sólo tú tienes,
para después cerrarse y dar paso a un suspiro que haga temblar todo mi cuerpo.
Mentiría si dijese que odio esa sensación de vértigo que golpea mi estómago cada vez que me besas.
Mentiría,
pues cuento las horas para volver a sentirme al borde de un precipicio.
Ojalá siga perdiendo la cuenta de todos los escalofríos
que me hacen tambalearme y buscar mi refugio entre tus brazos.
Y entre tus sábanas.
Mentiría,
mentiría si pudiese disimular que me llena sentir tu piel contra la mía.
Mentiría a gritos si no prefiriese los susurros en tu oído o en tus labios.
Mentiría...
Pero me siento tan segura que ni siquiera necesito pedirte que no me sueltes,
aunque mis ojos se desvivan por hacértelo saber.
martes, 16 de febrero de 2016
Cuando me rompo.
Soy sólo el mar que desciende por tus mejillas,
te acaricia la barbilla
y osa mojarte la ropa.
Soy sólo la gota que aterriza,
con prisa,
sobre tu cuello
y después no encuentra la manera
(ni las ganas)
de marcharse.
Tan sólo la pizca de agua
que se cuela entre tus labios
cuando andas despistada.
Esa que pasea por tu lengua,
y sueña con perderse en tu garganta.
Hoy soy sólo la explosión
y los daños colaterales.
viernes, 15 de enero de 2016
Séptimo (intento de) sueño.
Sigue corriendo,
no te pares.
no te pares.
Voces que te gritan aunque no quieras girarte.
Voces que te incitan a quedarte.
Voces que no entienden, y voces que critican.
Y tu corazón en llamas reduciéndose a cenizas.
Voces que te incitan a quedarte.
Voces que no entienden, y voces que critican.
Y tu corazón en llamas reduciéndose a cenizas.
El humo del incendio que parecía extinguido,
asciende por tu pecho
y tapona tus oídos.
Con la mirada ahora nublada
y el alma presa en un pañuelo,
tratas de ocultar los huecos que se abren en tu espalda.
asciende por tu pecho
y tapona tus oídos.
Con la mirada ahora nublada
y el alma presa en un pañuelo,
tratas de ocultar los huecos que se abren en tu espalda.
Vías de escape atravesando laberintos,
con la tímida intención de no encontrar una salida,
con las ganas reprimidas de no doblar la siguiente esquina.
con la tímida intención de no encontrar una salida,
con las ganas reprimidas de no doblar la siguiente esquina.
Y darlo todo por no descubrir la próxima canción de tus latidos.
Todo por no escribir, por no sentir.
Por permanecer dormido.
Todo por no escribir, por no sentir.
Por permanecer dormido.
(Todo por conseguir que este huracán sea sólo mío)
lunes, 4 de enero de 2016
Inmarcesible.
Aquella noche la luna estaba llena,
como si tratase de compensar el vacío en su interior. Como si quisiese
desvelar, con su luz a la par pálida y fría, las invisibles cicatrices que
recorrían aquella silueta recortada con esmero por algún artista de nombre ya
olvidado. Entonces ella ladeó con cuidado la cabeza y frunció suavemente el
ceño, interrogante. Tras un breve parpadeo y una inspiración profunda, supo con
certeza que había llegado la hora.
Clavó sus ojos en la celestial esfera
vigilante; pero a pesar de la aparente seguridad de su mirada, titubeó varias
veces antes de llevar sus manos a sus hombros y agarrarlos con firmeza.
Lentamente, se desprendió de aquella piel rasgada y frágil, la cual hacía mucho
tiempo que fingía ser coraza. Con la delicadeza de quien es amigo del dolor,
depositó su yo marchito en el perchero, como quien cuelga ese abrigo que hace
meses se le quedó pequeño.
Anhelando ser tan eterna como la luna,
tan infinita como el firmamento, dejó yacer su alma sobre las arrugadas
sábanas. El murmullo del viento la acunaba, mientras los níveos haces la
acariciaban y bañaban.
Y el calor ausente no pudo evitar que, al llegar el alba, ella se sintiese más viva que nunca.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
2 de diciembre.
Las 6 de la mañana de hoy venían cargadas con un especial peso de las sábanas (y el mundo).
Yo, sin intención de resistirme, me he dejado vencer antes siquiera de pronunciar el famoso "5 minutos más". He dejado que el colchón volviese a acoger lo poco de mí que había conseguido despertarse.
Y he odiado levantarme después. Lo he odiado porque todo seguía tan vacío como media hora antes. Tan callado a pesar de los ruidos de la cocina y del agua de la ducha corriendo en el baño azul. Tan oscuro.
Mi yo de hoy, guiado más por la inercia que por las fuerzas o las ganas, ha actuado como un autómata y seguido la rutina de cada jueves: desayuna, dúchate, vístete, abrígate, bolso, móvil, llaves, dinero, abono, puerta, ascensor, coche, estación, tren de las 8.12.
Tren de las 8.12, 8.39 y yo sigo escribiendo esto.
Escribiendo y sin ordenar mis sentimientos (una vez más). Sin tener claro cuán grande se me hace el mundo hoy, o cuán pequeña soy yo para el mundo.
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